martes, 16 de septiembre de 2008

Conóceme XXXVIII

D

elante de nuestras caras se encontraba la gran estructura de Son Dureta , os describiría el lugar pero como deprime, mejor pasaré del tema. Entramos en recepción y pedimos donde podríamos encontrar al señor Colom, el recepcionista solo nos contestó con una voz de pito muy rara, que nos provocó una carcajada y un par de comentarios para luego. Resultó que el señor Colom estaba en observación, en fin que nos quedaba una mañana bastante larga dentro del hospital, que planazo, bueno lo cierto es que estaba allí porque quería, acompañé a un amigo a visitar a su padre enfermo pero visto como estaban las cosas, no sabía exactamente quién era el enfermo, si el señor Colom o Alfonso.

-Armando, no sé tú, pero yo estoy muy nervioso, no sé si te has dado cuenta- me preguntó como si hubiera hecho algo malo.

-No, no me he dado cuenta, pero si es así tranquilízate, que simplemente está en observación nada más, no tienes de que preocuparte- mentí, puesto que yo también me ponía nervioso cuando estaba dentro de aquel sitio, digamos que no era santo de mi devoción el pasar un día entero dentro de un sitio donde te pueden contagiar cualquier cosa, Dios sabe qué, pero los médicos a veces no lo saben y por eso muere tanta gente por enfermedad… bueno creo que esto es un tema un poco peliagudo, pero dime ¿cómo es que me queríais tender esa trampa o lo que sea?

-¿No te rindes nunca verdad?- yo asentí, esta vez ni me sonrojé- Pues te explicaré con muchos detalles de los cuales no te habrás dado ni cuenta- mientras me decía esto, entraban por la puerta principal Ricardo y Pedro cogidos de la mano y, justo detrás estaban Andrés y Charlie-, mira creo que irá bien que estemos todos, por eso los he avisado antes de coger el taxi.

-¿Cómo coño lo haces?

-¿Por qué te crees que me he quedado enganchado debajo de la sillita? Pues antes de que contestes, por enviar un mensaje global al grupo.

Me quedé a cuadros, esto era algo que no tenía previsto, en ningún momento mis amigos, de los cuales no me esperaba una estratagema así, me estaban burlando, poniendo la zancadilla, haciéndome caer encima de barro, absorto de mierda y miseria y ¿qué coño? Seguro que me lo busqué. Nos rodearon en la mesa como buenos compañeros y, al estar todos juntos Alfonso alzó la cabeza y con ella, también abrió la boca.

-Señores y señores afeminados- dijo para la nueva pareja- estamos aquí reunidos, para que Armando vaya atando cabos. La historia, si se le puede llamar de alguna manera, es que hace un año, cuando tú estabas tan mal, porque no sé si te acuerdas, pero estabas mal. Pues recibí una nota, más que carta de la prima de Pedro.

-Ahí te has equivocado, Blanca no es prima de nadie- miré alrededor y todo estaban asintiendo.- vale, perdón por la interrupción, mea culpa.

-Seguiremos pues. Pedro hacía lo imposible para sacarte de su casa, porque no aguantaba el tenerte que aguantar, todo el día cabizbajo y sin rumbo fijo, incluso repetías en tus sueños la palabra Inés, con una coletilla que decía “deja a ese hijo de puta”, pero claro ni con el tono tan bajo como yo, ni tan escueto, si no que tenías unos monólogos de horas y horas. Yo pensé en ayudarte, pero claro como Anna estaba embarazada, lo dejamos para cuando naciera la niña, así no te darías cuenta de que estábamos tramando algo.

“Al nacer Rosa- la niña le cogió de una oreja mientras reía- nosotros entablamos una pequeña conversación de la cual hablaba de ti, más que de ningún otro y decidimos preparar una reunión para celebrar el nacimiento de Rosa, para que tú vinieras-estaba, realmente boquiabierto-, el caso es que fue Charlie, quien tuvo la idea de hacer el cambio de papeles. Aparte, tengo que decir una cosa, Charlie también lo necesitaba, pero bueno de eso si queréis hablaremos otro día. Charlie te comentó lo del juego, fuiste el primero en decir que sí, pero sin darte cuenta de que, había algo más. Lo cierto es que no había mucho más ¿qué te acabas de dar cuenta de que nosotros ya estábamos cambiando? Sí, es posible, pero tú también has mejorado, no mucho porque cuando has visto que entraban a mi padre en la ambulancia, lo primero que me has preguntado a sido “¿qué coño habéis hecho conmigo?” O algo por el estilo, cosas que no cambiaremos, pero por el momento ¿a qué te has enterado de cosas nuevas?

Yo no tenía mucho que decir, pero en cambio tenía mucho que preguntar.

-Vale ¿puedo preguntar algo ahora?

-Pregunta, aunque sabemos todas las respuestas- respondieron todos a la vez.

-De acuerdo, pues ¿desde cuándo sabéis lo de Pedro y Ricardo?

-Ah, esto mejor lo contesto yo, para que vea lo gran actor que soy- dijo Pedro detrás del telón- ¿sabes la noche que te mudaste a mi casa?- asentí, como para olvidar esa noche, que llegué destrozado por haber encontrado a Inés y a Lorenzo dentro de su coche dándose besos y lo que no son besos- pues creo que fue esa misma noche, cuando Ricardo y yo empezamos a salir como pareja de verdad, por eso estaba tan cabreado esa noche, porque me jodiste la velada entera.

-¿Así que lleváis tres años para cuatro?- asintieron los cinco a la vez- Joder pues creo que tendré que tirar una solicitud a la ONCE porque no he notado nada de nada. Otra pregunta, las mujeres que entraban en tu habitación ¿qué coño hacían allí dentro?

-Es que verás, resulta que soy presidente de un club de ganchillo, y nos dedicábamos a dar rienda suelta a nuestras ideas, mira que no darte cuenta de eso, ya es pasarse.

-Ya ¿pero y la casa como es que estaba tan sucia?

-Ah, eso, es que me fui a vivir con Ricardo una temporada, cuando tú te fuiste, como a Jonás lo guardaba Eva… la verdad es que no me preocupé.

-Está bien, está bien. Qué bien escondido lo teníais todo, como para que me diera cuenta.

-Precisamente ese era la finalidad del juego- dijo Alfonso, que en ese mismo momento estaba gozando cosa mala.

-¿Qué juego ni que leches? Me habéis hecho una putada, yo no soy así, por Dios que he escrito incluso poemas.

-¿Y no has muerto verdad?- preguntó Alfonso.

-No, no he muerto pero no veas la vergüenza a la hora de ir con el diccionario para arriba y para abajo, soy más bien tirando a cazurro, nada más.

-Por eso te estamos dando el empujón, a mi prima le gustas, como nadie antes le había gustado, Armando y tú, por una vez sé sincero contigo mismo y no te agarres a Inés como si fuera lo que más fuerza te daba, está demostrando que es una pécora, tienes que intentar estar con una persona que te quiera y te comprenda.

-Sí, usa la invitación para ir al hotel Valldemossa bastante bien, pues no veas cómo me ha costado conseguir la mesa para día catorce de Septiembre- añadió Charlie, que aún no había dicho nada.

-¿Por qué día catorce?

-Eso ya es cuestión de que te acuerdes, nada más, nosotros no diremos nada- dijo Andrés que no había dicho ni hola, simplemente estaba embobado como siempre, mirando el móvil por si llamaba Nuria- antes de que preguntes, Nuria no existe, es simplemente una actriz conocida de Charlie, sigo siendo igual con las mujeres, pero habíamos dicho de que pintaríamos el cambio de cada uno, como una cosa chula.

-Tíos a cada frase que me decís me quedo más a cuadros.

-Menos quedarte a cuadros y espabila, que te hemos hecho esto porque no te estabas dando cuenta de que no tenías el porqué quedarte en casa y comiéndote la cabeza, por una tontería, como es enfadarte con una mujer como si encima se los hubieras puesto tú los cuernos. Levanta la cabeza y di que te comerás el mundo y no te olvides de mañana llevar un obsequio, los caballeros siempre tienen detalles, no lo olvides- apresuró a decir Alfonso.

-Creo que será difícil de no olvidar, después de todo lo que me habéis dicho, es simplemente brillante el plan que habéis tramado.

-Simplemente es un regalo, por ser un buen amigo, aunque a veces te cueste demostrarlo, lo seguirás siendo- dijo Ricardo mientras alzaba la copa- por cierto, hay otra cosa que no te hemos dicho. Pedro un día cogió uno de tus calcetines que tú utilizabas para masturbarte y resulta que… bueno no te lo tomes a mal, pero eres… ¿cómo decirlo sin que duela?

-Vamos que eres impotente, tus espermatozoides son vagos. Y tu mujer de vaga tiene lo que yo de santo- dijo Pedro, esta vez consternado.

-O sea que ¿Jaime no es hijo mío?

Todos negaron a la vez, pero esta vez no iba una risa de fondo, como normalmente, esta vez, simplemente había caras largas y nada más. Mis amigos me dieron una lección de humildad y lo único que pude hacer era esperar, esperar un milagro o mejor irme a casa andando, tan solo estaba a media hora, más o menos, pero lo que necesitaba ahora, era despejar la cabeza un rato.

Me marché sin despedirme tan siquiera, ellos lo entenderían. Resulta ser que la vida que soñé haber tenido, nunca fue mía si no de otro, mi Jaime, no era mío y por si fuera poco, lo único que me pertenecía eran los trozos de papel que había manchado durante meses, haciendo poemas o prototipo de ellos quizás, nunca lo llegaría a saber, porque al llegar a casa de mi tía Clara, lo primero que hice es salir a la calle y alimentar un fuego con los papeles que me había costado tanto escribir, pero que no servían de nada, eran sentimientos nulos, nunca habían existido, eran niebla sobre mí, por no dejarme ver lo que me interesaba de verdad, los que me rodean.

lunes, 15 de septiembre de 2008

Quitarse la venda


Abrir los ojos dentro de un mundo lleno de estrellas, abrirlos en cuestión de segundos, porque si no despertarás en un mundo de utopías y fantasías varias

sábado, 13 de septiembre de 2008

Conóceme XXXVII

A

l despertar, me sentí raro, me explico, simplemente parecía que habían hervido agua dentro de mi cabeza y, que mil pájaros carpinteros repiqueteaban dentro de ella, pero decidí hablar con Alfonso para que me diera explicaciones. Era la hora de saber la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, pero claro no estaba en un juicio ni mucho menos, pero un amigo mío me la había jugado y yo sin darme cuenta, tendría que hablar con él y que me diera explicaciones, pero de las de verdad, no simples evasivas como hasta ahora. Así que me encaminé hacia casa de los Colom, sabía que tenía que hacerme pasar por Hitler, si que bien pensaba, pero lo hacía como buena fe.

Llegando a casa de Alfonso, lo único que pude visualizar fue una ambulancia que subía un cuerpo viejo y débil, donde la juventud dio parte o terreno a una vejez desafortunada. Miré alrededor pero no vi a nadie conocido, pero de pronto noté como tocaban el hombro en señal de aviso, enseguida me giré. Era Alfonso con la niña en brazos.

-Armando ¿para qué has venido hoy?

-Necesitaba explicaciones… pero creo que es un mal día hoy, bueno igual hay una en la cual me puedes ayudar ¿tu padre que tenía Alzheimer o demencia senil?

-Demencia senil, pero como no sabía si lo entenderías…- Rosa estaba en los brazos toqueteando la cara a su padre, eso me marcó porque la niña, cambiaba dentro del marco de Alfonso, lo hacía parecer más fuerte- si vienes para preguntarme por Blanca, haces mal, porque no estoy para aguantar rollos de pareja o prototipo de… ya me entiendes.

Asentí, no pude decir nada más que quedarme en silencio.

-¿Qué le pasó a tu padre?

-Estaba débil y esta mañana lo he encontrado postrado en la cama, como nunca lo había visto, le he traído a mi hija y él lo único que ha hecho es vomitar y vomitar dejando la cama hecha unos zorros, después no se podía mover y enseguida llamé a urgencias, si te digo la verdad me alegro que estés aquí.

-¿Por qué te alegras? ¿Para poderte reír más de mí?

-Armando lo hemos hecho por tu bien

-¿Qué bien ni que ocho cuartos? Todo el mundo sabía muchas cosas y os estáis riendo de mí como queréis- estaba furioso y lo cierto es, que me daba igual que el padre de Alfonso estuviera en una camilla esperando a su hijo para ir hacia el hospital, yo quería respuestas y las quería ya.

-Mira Armando, nadie se reía de ti, simplemente era para que cambiaras, para que te volvieras más humano, ha funcionado, porque hemos cambiado todos, gracias a esta “fechoría que te hemos hecho”, todos hemos cambiado para bien. Pero me demuestras que no mucho, porque ahora te plantas aquí, donde mi padre se está muriendo a preguntarme cosas sobre ti.

Tenía razón, solo había una cosa en el mundo que me preocupara y esa demostraba que tan solo era yo, no me sentía orgulloso de nada pero tenía que tener en cuenta las cosas que vendrían a partir de ahora.

-Alfonso- él me miró y enseguida asintió- ¿puedo venir contigo para acompañar a tu padre? me siento un cerdo. Aparte así si se despierta verá a Hitler al lado de su cama- me sonrío y me abrazó dejando a Rosa entre nuestros dos pechos, al darse cuenta la volvió a dejar en su cochecito y me volvió a abrazar, pero esta vez más fuertemente e incluso llorando.

Después de este abrazo, me cogió del hombro y me arrastró para que fuéramos directos al coche, mientras me arrastraba a mí con la derecha, con la izquierda llevaba a Rosa dentro de su cochecito, hasta que nos acercó a los dos enfrente de su coche, un monovolumen que se tuvo que comprar desde que sabían que tendrían un hijo, era el coche que solía llevar Anna, pero como íbamos con la niña, pos ala, el monovolumen.

Dentro de ese huevo, como los llamo yo, no había música buena, solo había música clásica, tampoco quise poner nada estridente pues, tan solo íbamos al hospital, teníamos que ir relajados, los tres, pero Alfonso estaba más bien tirando a nervioso.

-Armando, por favor ayúdame, que me he quedado enganchado- me dijo mientras tenía la cabeza debajo de la sillita de la niña- que me está empezando a doler la cabeza, tanto que noto como va rotando.

-En otras circunstancias te preguntaría como te has metido allí, de ese modo, pero ahora mejor dejo comentarios aparte, porque los nervios.

-¿Qué nervios? ¿Tú tienes nervios?- me dijo cuando sacaba espuma por la boca y tenía los ojos rojos.

-No, pero por lo que veo tu tampoco, es una buena señal esto… ¿no será mejor si pillamos un taxi? Lo pago yo.

-Creo que será lo mejor, busca un taxi que no lo lleve un hombre muy grande- me dijo con una señal que quería decir obeso- que estos desprenden dos olores muy malos. Uno a sudor rancio y el otro a puro barato.- Asentí y pillé el primer taxi que vi, no me fijé en el conductor, pero Alfonso sí- ¿Ves? Esto te pasa por no mirar antes.

El conductor del taxi, se lo quedó mirando, como si no supiera lo que estaba pasando, era bastante corpulento y olía que alimentaba.

-¿Os llevo?- preguntó consternado.

-No, es que mi amigo quería saber la hora, pues claro que nos lleva ¿qué remedio?

El conductor me miró y me hizo una señal que daba a entender que a Alfonso le faltaba un tornillo, entonces no tuve más remedio que responderle.

-Llévenos rápido al hospital, porque estoy enfermo, tengo una enfermedad terminal y por eso mi hermano está tan histérico- el conductor se quedó blanco y no volvió a preguntar, ni siquiera la enfermedad.

Al llegar a Son Dureta, el hospital donde habían llevado al padre de Alfonso, el taxista me ayudó a bajar y a la hora de pagarle lo único que recibí a cambio fue un:

-No hace falta que me lo pague, no le puedo cobrar a un hombre como usted, se está muriendo y yo no haría más que aprovecharme de la situación.

Acepté y pensé, para mis adentros que, el ser malo y tramposo, tampoco es que fuera tan malo, tenía sus puntos, entre ellos el poder ayudar de vez en cuando a tus amigos cuando están en apuros

jueves, 11 de septiembre de 2008

Conóceme XXXVI

A

proveché que tenía a Jaime, para ir a visitar a los padres de Pedro, así mi hijo escucharía historias más humanas de las que escucha por tele y cosas tipo eso que se hace llamar tele basura o prensa del corazón. Intuía que el padre de Pedro, del cual aún no sabía nombre, estaría peor, pero también es cierto que le gustaría ver a mi hijo para comentarle alguna parte de su vida. La compañía era buena y a mi hijo supongo que no le pasaría nada si un día dejaba de jugar con videoconsolas y cosas así electrónicas.

-Papá ¿dónde vamos?

-Vamos a ver unos conocidos, ya verás te gustará conocerlos, son los papás de Pedro.

-¿Y también son tan groseros como él?- me puse a reír, lo volví a mirar- porque si es así no me gustará conocerlos, es que le tío Pedro es… el tío Pedro.

-Ya, todos queremos al tío Pedro, es muy suyo, pero una vez lo conoces, ya no hay marcha atrás, te encandila su manera de ser.

Mi hijo, se quedó mirándome perplejo y luego soltó

-Si tú lo dices.

Mientras nos encaminábamos para casa de los padres de Pedro, mi hijo no hacía más que preguntar quienes eran en realidad. Incluso puso una hipótesis de que Pedro debía ser adoptado, siempre y cuando los padres fueran como yo le expliqué, pero al final llegamos.

Vi algo raro en el ambiente, la puerta estaba medio abierta y se oía un ruido dentro, no entendía muy bien que pasaba, así que me giré hacía Jaime y le dije:

-Espera aquí un segundo, voy dentro a ver qué pasa.

Jaime tan solo asintió, en cambio yo me adentré hacía las fauces de la casa que, aunque antigua, conservaba bastante bien las apariencias, porque por dentro todos los muebles eran nuevos, habían reformado la casa hacía poco, pongamos más o menos un año, por ahí. Son cosas a las cuales no le hice mucho caso la primera vez que entré porque como el padre me tenía absorbido por sus historias, pues uno no se da cuenta, seguí adelante buscando algo moviéndose, me acerqué a una de las habitaciones que había antes de llegar a la sala de estar, pero no hubo suerte. Hasta que llegué a la famosa sala de estar, donde encontré dos siluetas, una era Pedro seguro, mientras que la otra estaba apoyada en la mesa de la sala de estar, sin dejarme ver bien el rostro.

Salí disparado, mintiéndome como si no hubiera visto nada, pero mentía, sabía lo que había visto, menos mal que no llegué a entrar con Jaime, hubiera sido una experiencia traumática para él. Después de cavilar un rato, me decidí volver a mirar, pero esta vez para fijarme bien quien era la chica con la que estaba, asomé tan solo la cabeza, ellos seguían con lo suyo, pero había algo raro, la chica tenía algo que me hacía recordar a alguien, ahora mismo no encajonaba de donde ni cuando, pero había algo que no cuadraba, observé con más atención, tenía un corte de pelo a lo militar, bueno otra legionaria que se tira, con planes sin futuro, no está mal. Pero me seguí fijando, cada vez descubría más, hasta que está se levantó y pude ver que tenía unos músculos demasiado elaborados para una chica, era un chico. De la sorpresa se me cayó no se qué al suelo y como no, llamé su atención.

Pedro fue el primero en mirar, se subió los pantalones y vino hacia mí, yo no podía esconderme, así que me quedé en el sitio, esperando que llegará, hasta que me vio no le vi los ojos rojos por la ira que tenía en ellos concentrada.

-¿Qué coño haces aquí tú?

-Venía a ver a tus padres a ver como estaban.

-Que buen día has elegido pues, a mi padre se lo han llevado esta noche y… un momento, no es esa la cuestión, la cuestión es que no dirás nada de lo que has visto ¿verdad?- mientras me hacía esta pregunta, otra silueta conocida se acercó a nosotros, era ni más ni menos que Ricardo, que con una sonrisa socarrona me estaba mirando, me quedé blanco, pero no pude decir nada más

-Hola Armando ¿qué tal anda todo?

-Un momento antes de nada, vayamos a dejar a Jaime a casa de mis padres y luego hablemos largo y tendido sobre el tema… bueno este tema que no sé muy bien como denominarlo.

Salimos de la casa donde Pedro usaba para sus fechorías anales o banales, lo que queráis creer y cogí a Jaime, por si un caso se atrevían, da igual el bando, a abrir la boca alguno de los tres. Jaime por inocente y los otros dos por depravados. Había otra cosa que no acababa de comprender ¿dónde estaba en realidad Jonás ahora mismo? Bueno supongo que sería una de las preguntas que tendría que hacer, cuando fuéramos a tomar café.

Dejamos a Jaime en casa de mis padres como estaba previsto, mi padre ni me miró a la cara, digamos que cuando iba con Pedro, según él, cambiaba bastante, me portaba de una manera bastante ¿Cómo lo llamaba? ¿Gilipollas? Mi padre y sus palabras cariñosas. Al salir de casa de mis padres, fuimos al punto y aparte, la camarera se extrañó que ese día solo fuéramos solo tres, pero nos atendió tan bien como siempre.

-Voy a empezar haciendo preguntas, por favor sedme sinceros, sobre todo tú Pedro- dije sin que se viera que estaba desquiciado, por el asunto- ¿dónde está tu padre? Y ¿cómo es que lo han ingresado?

-Yo no he dicho que lo ingresaran, simplemente que le tenían que hacer pruebas de sangre, orina y otras cosas que ahora mismo no me acuerdo, esta mayor y se lo está llevando el cáncer. La casa de mis padres no es un parque de recreo, allí ya no llevo ni a mis hijos ¿por qué coño tienes que ir con Jaime?

-Ya sé que no es un patio de recreo ni nada por el estilo, pero quería que tu padre se animara… no sé ni porque te doy explicaciones, cuando tú te llevas a tus amantes o lo que sea Ricardo en este momento- Ricardo me miró de soslayo y me dedicó una sonrisa picarona…- no tiene ni gracia, ni nada que se le parezca ¿alguien me quiere explicar cómo empezó todo?

-Verás, todo empezó al poco de empezar a salir Héctor conmigo, miento, todo empezó casi después del show, donde Pedro se marchó llorando. Me llamó a casa diciendo que quería verme como en los viejos tiempos…

-Un momento ¿de qué viejos tiempos habláis?

-Ah, es cierto, Pedro en realidad es Víctor, lo de venir a veranear me lo inventé, pero claro, Pedro quería guardar las apariencias delante de vosotros- se rió poniendo la mano con la palma para abajo y enseñando un poco el colmillo- lo cierto es que ha sido el mejor amante que he tenido nunca, pero nunca habíamos pasado del beso inicial, hasta hace ¿dos meses?- se giró a Pedro y este asintió con vehemencia.

Yo, la verdad es que en ese momento estaba blanco, pero aún había muchas cosas y preguntas que hacer.

-¿Pero se puede saber dónde está Jonás?

-Jonás está con mi prima Eva, no pases pena está bien.

-¿Con Eva? Pero si Eva es… ¿Eva? Pero si le tuve que pagar para que guardara silencio delante de este hombre que tengo aquí enfrente- dije señalando a Pedro, que aun se estaba mofando de mí, en mi cara.

-Sí, es que es muy gracioso, porque todo el mundo lo sabía menso tú-me quedé atónito- pero, para serte sincero, los demás nos pillaron besándonos o algo así, pero ninguno nos pilló llevando la carretilla- me dijo Ricardo como si llevara algo que necesitara empuje.

-Vale, pero ¿y Héctor?

-Héctor era el rollo de una noche de verano, solo tonteaban, además incluso hay días que vamos los tres a comprar a los sex shops.

-Y lo que oía en tu casa ¿qué coño era?- dije señalando a Pedro.

-Ah, simplemente eran grabaciones que me pasó Charlie, mientras él, bueno ya me entiendes.

-Supongo que esto me convierte en un ignorante de mis propios amigos y que no sé nada de nadie, me alegro de haberme dado cuenta, un última pregunta ¿sois felices?

-Más que nunca- contestaron los dos mientras se miraban a los ojos sonriéndose el uno al otro.

-Menos mal que alguien lo es, porque si no, la cosa andaría mal.

-Alfonso nos ha comentado lo de tu mujer- dijo Ricardo.

-No le mientas Ricardo, ya que estamos dile la verdad.

-Bueno, vale. Fuimos nosotros que la vimos hace unos tres meses más o menos y luego se lo dijimos a los demás. No te quisimos decir nada, porque Alfonso dijo que tenía algo para ti- miró el reloj y siguió- que de aquí tres días tendrías que hablar con Blanca y entonces, pues como en todos los cuentos, el príncipe comiendo melocotón y la princesa comiendo perdiz.

Me habían engañado y lo más frustrante de todo, es que había picado, la conversación siguió, pero algo me decía que el día sería mucho más largo. A media noche recibí una llamada de Charlie diciéndome:

-Armando, ya tienes una reserva hecha en el hotel Valldemossa para pasado mañana, conocerás la mesa porque estará adornada de rosas rojas.

Después del telefonazo, me acosté. Y justo después de planchar la oreja a la almohada, me dormí soñando en finales felices junto con mis amigos y estando cerca de la persona a la que más he querido nunca Blanca.