sábado, 26 de julio de 2008

Conóceme V

L

o cierto es que, durante los primeros meses de estar escribiendo, chorradas y otras cosas, vi una mejora, y fue más satisfactorio el ver que de verdad lo sentía. Pero en cambio Alfonso, empezó a desarrollar un pequeño ataque de ansiedad, decía que era gracias a mis escritos, modales, manera de cocinar, etc. Cosa que no entiendo, porque cocinar cocino bien; bueno vale a la hora de hacerme un sándwich o algo por el estilo, porque cuando tengo que tocar los fogones, ya no va tan bien como es debida la situación. Las cosas, salían bien, dentro de lo que cabe. Y Alfonso me ayudaba siempre que tenía un momento, animándome con la escritura y sobre todo, mirando con lupa todos mis movimientos.

-Muy bien Armando, estás desarrollando, incluso gusto en tus palabras, es muy digno y bonito. Y, bueno ya me entiendes lo de preocuparte por los demás ¿cómo lo llevas?

Pues la verdad es que aún me cuesta lo que no está escrito, bueno tampoco me extraña mucho porque tengo un historial de arrea. A todos los contactos femeninos a los que he llamado, aún recordaban todas las fechorías que hice antaño. Por ejemplo estaba Blanca, que hacía que no hablaba con ella por lo menos unos diez años que, nunca lograré olvidar.

-Diga

-Hola, Blanca soy Armando. Te llamaba para, bueno lo cierto es que te he llamado y punto- soy la re-ostia a la hora de romper el hielo- y bueno, también quería saber cómo estabas, porque no se ha sabido nada de ti en diez años.

-Será porque, me dijiste que te ibas a meter en un templo budista, que necesitabas tiempo para tu nirvana. Y si, estaba bien hasta que has llamado, porque para que te enteres. Pero, aún así, hay una cosa que no acabo de entender, porque también me han dicho que te han visto en el punto y aparte casi todas las noches. Si no tienes nada más que decir, voy a colgar.

-No, espera, es que simplemente me he acordado de tu cumpleaños, y he pensado en llamarte.

Hubo un silencio en la línea, y de pronto se oyó un sonido sordo, y hubo un cambio de voz.

-Perdone, ¿qué le ha dicho a mi hija?, que está llorando.

-Yo nada simplemente le he felicitado por su cumpleaños, nada más. ¿Es que he hecho algo malo?

-No, al contrario, es que hoy le han diagnosticado cáncer de pulmón, y no ha fumado nunca. Se ha emocionado, porque creo que es la primera persona que la felicita y no le da lástima lo que le ha pasado, bueno ya me entiendes lo del cáncer.

-Yo…Bueno entiéndame, lo he hecho con toda la buena intención del mundo, aunque, no me esperaba encontrar con esto. ¿Me puede facilitar la dirección?

Apunté la dirección en un papel, y enseguida me marché para ir a encontrarme con Blanca. Lo más reconfortante de todo es que podría hacer una visita a los antiguos compañeros del barrio. Para poder ver como habían cambiado las cosas.

El barrio donde vivía antes no era feo, sino que al contrario, era cuco, y bien avenido. Pero el paso de los años, y sobre todo de los inmigrantes dejó huella. Bajando ya por la plaza del obelisco, te encontrabas con que toda aquella fantasía que de pequeño de abarcaba, como la verdulería de al lado de la agencia de viajes, ahora era un supermercado moro o hindú. Que por ejemplo habían quitado el bar Fleming para poner un sitio de kebabs, habían tirado casas para hacer de esas construcciones nuevas que a veces costaba ver de lo modernas que eran, por eso y por los cristales que les ponían. Seguí el camino por la calle Archiduque Luis Salvador, para poder presenciar el cambio, y cuando estuve a la altura me metí de lleno en la calle Pablo Iglesias, donde también estaba mi antiguo instituto. Pero antes me tenía que parar para poder comprar una tarta en la pastelería de la esquina. Una vez la hube comprado, me fui directo a casa de Blanca, que, aunque no me esperaba, sabía que se sorprendería.

Toqué la puerta con cautela esperé que alguien me abriera, de detrás de la puerta, apareció una chica que aparentaba diez o veinte años más de los que tenía, con la cara demacrada, y los ojos sufriendo de humedades torrenciales, Blanca abrió la puerta.

-Tú ¿qué coño haces aquí, en mi casa?

-Pues eso he venido para felicitarte por tu cumpleaños, antes de que digas nada, o por un casual cierres la puerta y me crees una hemorragia nasal. Tengo que decirte que lo siento, simplemente, por haberme portado de una manera tan cerda, contigo. Es que veras, todo tiene su historia.

-No soy persona de historias, soy persona de hechos.

-Pues entonces mira te contaré unos cuantos hechos que me han hecho cambiar estos últimos meses.

-Ah ¿qué dices, que has cambiado? Esto cada vez se pone más interesante, prosigue, perdón por el tono de ironía en mi voz pero es que ha salido esta mañana y no sé como quitarlo.

-Pues bien… A ver, por donde empiezo. Vale digamos que empezaré por mi separación.

-Ostia que sorpresa.

-¿Por qué?

-Porque encontraste una incrédula que se casará contigo.

-Te puedo asegurar que el incrédulo fui yo por perderla, la perdí porque no le daba cariño suficiente, o algo por el estilo, no me acuerdo. ¿Te acuerdas de mis compañeros?

-Si claro, el tartamudo, el Rey, el vasto, el marica, el afeminado artista, y el cerdo, pero bueno el último eres tú, así que sí aún me acuerdo muy a mi pesar.

Le estuve contando la historia de todo lo que pasó durante esa noche del nacimiento de Rosa María Colom, y la cosa no ayudó demasiado a que Blanca, me dejara entrar en casa, de hecho la tarta que todavía llevaba en la mano, ya empezaba a derretirse, y notaba húmedos los pantalones, pero yo tenía una misión y era la de abrir mi corazón, y preocuparme por los demás.

Al cabo de una hora más tarde, ella decidió, ir a tomar algo.

-Venga vamos, que entre el eco del rellano, y los vecinos, que seguro dirán algo, me tienes contenta.

-Espera que aunque no lo creas, esto que llevo en la bolsa, es un regalo para ti, un poco pocho por no dártelo antes, pero lo que cuenta es la intención.

Al entregarle la tarta, ella cerró la puerta y después de unos tres minutos de espera, salió del umbral de su casa, un poco arreglada.

-Ah por cierto, gracias por ese batido de tarta reina que me has traído, pero lo cierto es que no hacía falta que la trajeras. Dicho esto donde vamos.

-Vamos al Calatayud, que tengo ganas de un granizado

-Un granizado en Enero, descabellado, pero bueno, yo te acompañaré

-Una cosa, tu madre me ha dicho de lo que te han diagnosticado, esta mañana. Y no quiero que pienses que estoy aquí por eso, simplemente, es porque eres un asunto pendiente. A ver si me explico, que me tengo que preocupar por la gente.

-Vale, entonces supongo que yo también tengo que ser sincera, mi cumpleaños, fue hace un mes. Alfonso me llamó el mismo día del nacimiento de su hija, y me comentó lo que propuso Charlie.

-Entonces ¿lo del cáncer también es mentira?

-No, eso por desgracia no. Y te tengo que dar las gracias, porque, bueno hacía diez años que no hablábamos, y pensé que no me llamarías.

Llegamos a nuestro destino, la cafetería Calatayud y nos sentamos uno frente al otro. Lo cierto es que no me acababa de creer que estuviera enfrente de Blanca Verdaguer, después de diez años, con lo mal que habíamos terminado y todo el rollo que le sigue. Era una chica rubia, que debía medir un metro cincuenta y ocho más o menos, unos ojos de color azul claro, y una manera de moverse que aún podía volver loco a cualquiera que la viera pasar. Una vez sentados, ella se agachó un momento para coger algo del bolso, y sacó de él un paquete de tabaco.

-¿Fumas?

-No, pero tu madre…Bueno ella me dijo que tú no habías tomado un cigarro en la vida. Esto no es muy normal.

-Si te fijaras, verías que el paquete de tabaco está sin abrir. Lo de mi madre, tiene razón, nunca me he fumado un cigarro en mi vida, pero ahora que tengo cáncer de pulmón, pues tampoco me importa mucho.

-Aunque irónico, es un tanto ácido, mira Blanca, simplemente te quería felicitar, pero si dices que fue hace un mes, entonces nada.

-Ahora tengo que contarte yo lo que me pasó a mí, una vez te marchaste.

Ah, sí, esa cualidad de la que mucha gente carece, la de escuchar a los ciudadanos con problemas. NO era tan fácil como parecía, porque también tenías que meter alguna cuña, un asentimiento, un algo.

-Pues mira lo que te iba diciendo. Desde que te fuiste, no levanté cabeza, y no es que me gustases mucho, pero al ser el primer novio, el hombre, o niñato, porque los dos lo éramos, fui de bar en bar, de calle en calle, y sobre todo, intenté buscar en internet todo sobre el budismo. Para que veas que me intereso por ti. En mi habitación aún guardo fotos de los dos, cuando aún éramos felices dentro de esa falacia que me hiciste creer. Porque años más tarde- hizo una pausa para encender el cigarro que tenía entre los dedos, y pegó su primera calada, en su vida.- Pero lo cierto es que cuando me enteré de que tuviste un hijo, ya todo se me derrumbó; hice cuentas del tiempo que hacía que estabas con tu mujer, y me salieron las cuentas de tu retiro, para que te marcharas con ella. Si, y tan bien es cierto que- empezó a toser tras haber aguantado tanto con el humo dentro de la boca- que, sinceramente, me alegro de no haber probado esto del fumar, hasta ahora que ya no hay marcha atrás.

-Blanca por favor no te rindas, si quieres, te puedes apoyar en mi, seamos amigos, como ves estoy intentando cambiar mi manera de ser.

Y así empecé a dialogar con las personas que en realidad lo necesitaban, personas que en ese momento se sentían a morir y lo único que necesitaban era a alguien que los apoyara. Lo que a partir de ahora miraría de no meter más la pata. Como hice anteriormente con Blanca Verdaguer.

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