martes, 16 de septiembre de 2008

Conóceme XL

B

ueno, supongo que querréis saber cosas sobre la cena, claro como no sois morbosos casi, pues bueno os lo explicaré. Todo esto pasó una noche de un catorce de Septiembre para ser exactos, cuando me dirigía hacia el lugar donde se encontraba ella, no me fue fácil, pues estuve a punto de cancelar la cita, ya me entendéis nervios, comidas de cabeza, etc. Pero bueno al final me acicalé como bien he comentado y me dirigí hacia el punto de partida, no sabía exactamente de qué, pero por una vez al menos tenía fe en mí mismo y de nadie más. Llegué a la puerta de su casa, sí, puede parecer estúpido, pero lo cierto es que no sabía donde quedar.

Ella bajó con un vestido de color blanco, que te dejaba ver el gran escote que Blanca tenía, un problema contando en que yo siempre he sido un hombre de pechos, nunca de culos, pero bueno algo haríamos. Con unas medias de rejilla y unos zapatos de tacón color crema, que me dio que pensar que esta noche terminaría entre sábanas. Tiempo al tiempo, pensé, aunque lo que en realidad necesitaba era un buen baño con cúbitos dentro. Lo primero que creo que me dijo es:

-¿Voy mal para ir a cenar?

-No, es que me has pillando pensando en las maneras de quitarte el vestido.

Ella sonrió, se acercó a mí y me besó en los labios, notaba un calor que manaba de su cuerpo que no me lo podía imaginar, estuvimos así como un cuarto de hora, o lo que me pareció a mí en realidad. El tiempo se paró, en un destello de emociones que, como vinieron tan juntas, no las pude identificar todas, bueno entre ellas estaban el miedo y las ganas de querer más, pero de las demás creo que se unieron en un punto fijo, sí suena grotesco, pero es así, en la punta del pijo. Me usaba cual títere sin cuerdas, pero lo cierto es que como me gustaba me dejaba, al dejarme respirar más o menos me dijo:

-La noche es larga, tendremos que dejar tiempo para el postre ¿o no?- yo no pude más que asentir, pero en realidad me entraba una especie de miedo que no era normal, no eso no era, seguramente sería pavor, sí, supongo- Vámonos que el camino es largo y yo mañana quiero despertarme fresca… o caliente, según vaya la noche- me guiñó un ojo, pero yo no me podía mover, estaba helado, era un hombre objeto- Armando ¿estás bien?

-Sí, claro que estoy bien, solo que… guau, hay tantas cosas por contarte que no sé por dónde empezar.

-Bueno, pues sube, después, en la cena ya hablaremos.

Asentí y subí al coche. Dentro estaba aromatizado por un aroma de canela con manzana que no olía tan cargado como de costumbre. En el reproductor de CD sonaba Tracy Chapman, un CD que mi padre me ponía cuando era pequeño, aún me acuerdo que sonaba en alguno de mis cumpleaños.

El viaje fue ameno, corto, para que mentir. Mientras ella cambiaba de marcha, se podía ver como el corte del vestido dejaba entrever ese tanga color crema que llevaba, ella aprovechaba para tocarme la pierna muy sensualmente. Yo tenía los ojos que se me salían, estaba en el país de las maravillas, pero está vez tan solo para adultos.

Al llegar a la entrada, lo único que pudimos ver era que un señor nos esperaba y nos dijo, dirigiéndose hacia nosotros:

-Don Armando, Señora Verdaguer, acompáñenme, su mesa les espera- con una reverencia me encandiló el ver que era tan importante, hasta que nos acompañó a una suite con una terraza que tenía una vista al valle- esta es vuestra mesa, sí necesitáis algo, tocad la campana y preguntad por Miguel, que soy yo. Señor tome esto, le será de utilidad- se sacó un sobre lacrado con una notita dentro- es de Charlie.

Abrí con mucho nerviosismo el sobre lacrado y a continuación me invadieron las ganas de… no sé cómo explicarlo, porque no era matar, si no que tenía una euforia que no era normal, pegaba mentalmente saltos de alegría, la nota tan solo ponía:

Pásatelo bien en la suite presidencial, esta te la pago yo, de mi bolsillo, igual que el condón que lleva el sobre, en caso de que no lleves, después Miguel te dará otra cosita de mi parte, esta todo apalabrado.

No podía decir nada más que gracias, pero la luz dejó ver una cosa de la que nunca me había dado cuenta aún, Blanca estaba fabulosa del todo, era una mujer bella, que el paso de los años lo único que le habían hecho era pasar, porque no le dejaba marcas. Lo que no acababa de entender era porque coño se fijaba en un tío como yo, pero bueno, aproveché la velada.

La mesa como me había dicho Charlie, estaba cubierta por rosas rojas, yo llevaba un mi mano izquierda el marco con la foto, pero no encontraba momento en el cual dárselo. Pero alcé la mano y le dije:

-Esto es para ti, comparado con esto- dije señalando donde estábamos- es una tontería, pero lo he visto gracioso y he dicho ¿por qué no?

Ella lo abrió y su cara, si tengo que decir la verdad, parecía un mural de emociones, porque estaban todas estampadas en ella. Empezó riendo, pero claro no tardó mucho en empezar a llorar de la alegría, después empezó a brotar un color rojo de vergüenza supuse, porque enseguida se giró y me dio la espalda para que contemplara que si el escote, era sexy, la espalda lo era mucho más. Entonces se giró y me mostró su lado más sensible, me abrazó y no paró de besarme, hasta que los dos nos caímos juntos encima de la cama, para pasar directamente al postre.

No me dio tiempo a decir nada más que nada. Callado por si se daba cuenta de que era otra cosa, me dejé llevar, nos desnudamos y dejando las ventanas abiertas, como las dejamos, se podían oír los animales en el valle, la luz trémula dio un largo sentido a nuestra primera vez después de muchos años, diez para ser más exactos, pero creo que esa fue la primera vez que me sentí un hombre de verdad, estaba con una mujer que me quería, me respetaba y sobre todo a la que hacía reír como nadie la había hecho reír hasta ahora.

Al cabo de tres horas de hacer ejercicios varios, nos entró hambre, tanta que pedimos por Miguel, el chico que nos había atendido, nos trajeron la comida a la cama, pero como habíamos movido tanto las sábanas pues Blanca se levantó y enderezó un poco todo, para que fuera más cómodo para todos. Entonces empezó nuestro debate y empecé yo con voz dura y sonante:

-Blanca, eres lo mejor que me ha pasado en muchos años, creo que si me marché fue por miedo a que me conocieras de verdad, siempre he sido así con las mujeres, digamos que a mí lo del detalle, es como a un ciego la vista, soy inútil.

-No te preocupes- dijo mientras me acariciaba la mejilla acompañado de un beso apasionado en los labios- juntos emprenderemos un camino unidos.

-Sí, tú y yo solos, porque soy estéril, siento decirlo en la primera cita, pero no es excusa, es verdad, ayer me lo dijeron todos.

-Claro porque los engañé, cambié tu esperma por el de un viejo de unos setenta y ocho años. Era para que vinieras esta noche seguro.

-Un momento, o sea ¿qué tú también sabías de qué iba toda esta movida?

-Pues claro, quedamos todos para darte una sorpresa. Tu mujer es una puta, vamos al mismo gimnasio y si no se ha tirado veinte veces al profesor de aerobic, es que he perdido la cuenta.

-Sí ¿ves? Es muy abierta a nuevas amistades.

-Yo también, pero no tanto como ella. Yo te quiero y quiero que vivamos un futuro juntos tú y yo. Charlie estaba arreglando para irnos incluso con Jaime.

-Déjalo Jaime no es mío.

-Jaime es tuyo ¿tu mujer no es tan guarra? Siempre usa condones, usado o no ya es otra cosa, pero siempre los usa, lo sé porque muchas veces me los pedía a mí, que como estaba en plan celibato, no me servían de nada, más que de adorno y para engañarme.

Miguel entró con una bandeja en las manos, que traía dos platos, unos con una chuminada de marisco y otra con otro sobre, pero esta vez más grande. Al estar cerca de nosotros, él se inclinó para que viéramos lo que traía y yo, que no me podía mover mucho me incliné para coger el sobre. Al abrirlo descubrí que eran los papeles de divorcio firmados por mi mujer Inés y dándome la custodia de Jaime.

El resto de la noche, después de la cena, fue mágica, estaba agarrado en la cintura de la mujer que más quería, después de mi madre, claro está. Pero mientras estaba abrazado pensaba en cómo sería nuestro futuro juntos y os puedo asegurar que tan solo podía ver florecillas y tonterías de esas, creo que por primera vez podía decir en voz alta ESTOY ENAMORADO.

Fin.

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