martes, 12 de agosto de 2008

Conóceme XVIII

D

espués de estar un mes viviendo con mi mujer descubrí lo que era la felicidad de nuevo. Ya sabéis, que te traigan el desayuno a la cama, que te besen para dar los buenos días, acompañar a vuestro hijo al colegio. Esperar lo que parece una eternidad, para poder al fin entrar en el baño, y otros muchos detalles que ahora mismo no contaré por no aburriros. Tenía el mundo cogido por el gaznate, y me sentía completo. Pero como hombre completo también tenía mis responsabilidades.

Tenía que ocuparme, como me había ocupado hasta ahora de todo el mundo. No hacía más que pensar en todo el mundo al que había ayudado, e inconscientemente, miré la agenda. Estábamos a día siete de julio, hoy teóricamente tenía que acompañar a Blanca al hospital para una revisión rutinaria.

Estaba comprometido en ayudarla, y tampoco me desagradaba la idea del volverla a ver y charlar con ella, para poderle explicar lo mucho que me ha costado el volver junto con mi familia. Ella lo entendería pues como éramos amigos. Y como además empezamos a hablar por mensajes de texto y todo eso, estábamos unidos, no mal penséis que solo hacíamos que hablar sobre cómo estaba ella, y como llevaba el cáncer a cuestas.

Después de mirar la agenda me dirigí hacia la calle Pablo Iglesias que es donde vivía ella, y por el camino volví a pasar por mi antiguo barrio, esta vez vi a gente conocida, que me paraban cada dos por tres. Pero con la excusa, y esta vez lo decía de verdad, de ir al médico pues no me entretenía mucho. Simplemente conseguí como diez móviles de gente que hacía diez años, ni se hubiera preguntado por mí. Miré el reloj y eran las once y media, vale, teníamos hora sobre la una, luego me la llevaría a comer por ahí y hablaríamos largo y tendido.

Una vez llegué al portal, encontré a Blanca esperando en la entrada.

-Pensaba que no llegarías- me dijo riendo, me dio dos besos y me cogió del brazo. Blanca era una mujer esbelta, fuerte que no dejaba que nada marcara su preocupación, ni siquiera el cáncer. Estaba guapísima, mientras que yo… bueno precisamente guapo no es que fuera muy guapo. Cogimos el coche de Blanca y nos fuimos de camino.- ¿Qué tal todo?

-Tengo muchas cosas que contarte, pero primero explícame ¿Qué te han dicho los médicos por ahora?

-Por ahora no mucho, dicen que siga haciendo mi vida normal, que no empiece a fumar, cosa que también le agradezco, etc.

-¿Y con tus padres?

-Ya no vivo con ellos, me he ido con Rosa ¿te acuerdas de ella?

-Ligeramente, si me acuerdo.

Rosa era la típica niña repelente que siempre buscaba la atención de los niños tirando piedras o incluso haciendo comentarios mordaces de los que te haría si te pillara un día a oscuras. Rosa fue la primera novia entre comillas de Pedro, buena pareja, tan buena que, cuando uno se tiraba un pedo el otro le ponía la coletilla haciéndolo más largo aún, lo que el amor no dura para siempre, tanto como la promiscuidad de Pedro, que eso fue lo que mató aquella pasión de niños. No sabía si había cambiado espero que sí, porque si no mal vamos.

-Ha cambiado mucho, tanto que ahora es profesora de protocolo y enseña a niños y mayores como se tiene que comportar uno encima de la mesa, como es debido.

-Sí, ya me voy haciendo a la idea, como siempre, me vengo acostumbrando a las ironías de la vida.

Se puso reír y con su mano rozó lo que eran mis mejillas, en ese momento noté como se erizaban los pelos del cuello, una sensación rara que no pasaba si hacía lo mismo Inés, pero bueno no le di importancia. También noté que el corazón se aceleraba cada vez que ella acercaba ligeramente su cuerpo hacía mí.

-Bueno y tú ¿Qué tenías que contarme?

-Pues mira todos estamos cambiando, Charlie por ejemplo, ahora tiene una relación seria con una mujer mayor que él y Andrés esta “saliendo”- le hice el signo de las comillas mientras decía eso- con una chica que también es muy rara, como él más o menos, es para que te hagas una pequeña idea.

-Como han cambiado las cosas, nosotros dos volvemos, en cierto modo, a estar juntos- en esa última frase noté que creó un pequeño, fugaz quizás destello en los ojos de ilusión.

Y lo que nunca se tiene que hacer, si es que se llega a hacer algo.

-Sí, es cierto, en cierto modo, porque yo también he vuelto con mi mujer y con mi hijo.

Después de esta última frase, a Blanca se le ensombreció el rostro, dejando ver en esa sombra, una gran sonrisa de majara que la acompañaba. Dio un fuerte volantazo, dejándome a mí helado.

-¿Es que no te das cuenta de que me estaba declarando?

Si también tendríamos que decir que soy propenso a meter la pata, en muchas de las situaciones que me pasan en la vida, esta era una de ellas.

-Te prometo que si me hubiera dado cuenta, no hubiera dicho nada de lo que he dicho. Pero entiéndeme, estoy con mi mujer, pero podemos seguir siendo amigos- mientras decía eso vi que metía más el dedo en la llaga-, quiero decir, que por muy casado que esté, te seguiré viendo, igual no como esperas pero te prometo que nos veremos.

-Armando es igual- me dijo llorando- la tonta he sido yo por creer en los cuentos de hadas y cosas como esas- de fondo se podía escuchar como pitaban los coches que teníamos detrás, entonces ella sacó la cabeza por la ventana y empezó a chillar- Hijos de puta, o queréis callar, por una vez que estoy con un hombre que me gusta, al cual me declaro.

Os prometo que no sabía exactamente qué hacer, echar a correr no, porque estábamos en el autopista, y tampoco la podía consolar. Entonces dije las palabras mágicas.

-Tranquila- le dije abrazándola- Con la suerte que tengo, mi mujer se buscará a otro.

-Claro, como siempre Blanca es segundo plato de otro hombre- me dio un tortazo difícil de superar, y entonces fue ella quien bajó del coche, acto seguido bajé yo también para seguirla- no hace falta que me sigas, si no muero de cáncer moriré atropellada como los gatos, tú sigue con tu mísera vida.

Cuando la logré alcanzar la cogí entre mis brazos y la abracé, dejando que me dejara húmedo todo el hombro izquierdo. Dejando que en forma líquida ahuyentara todo cuanto le hacía daño, que se sintiera importante. Le acaricié la cara y solo notaba pequeños quejidos y palabras que no se podían comprender, entonces ella se apartó de mí, y cogiéndome de las manos me dijo.

-Armando, entiendo perfectamente que tengas que volver con tu mujer, no te preocupes.

-Mira, haremos una cosa. Vayamos a ver a tu médico a que te den los resultados, y ya luego veremos cómo van las cosas.

El médico nos esperaba con una cara de alegría que ni él se lo creía, nos estaba esperando con una carpeta, donde teóricamente meten todos los resultados, y dijo algo como.

-Señorita Verdaguer me alegra verla por estos lares, tengo una noticia que darle- entre murmullos, insinuaciones y otros juegos, continuo con su susodicho- verá tengo aquí una cosa que darle, si, ya sé que los resultados nunca gustan a nadie, pero le puedo asegurar que le gustaran.

Con nerviosismo Blanca lo cogió, y entre sus manos dejó los resultados, abrió la tapa, y entonces le cambió la cara, tenía una expresión de sorpresa.

-¿Pasa algo malo?- le pregunté por curiosidad.

-¿Malo? Resulta que el cáncer en realidad era una mancha en las diálisis y otras pruebas que me hicieron. Yo estoy mejor que nunca.

Creo que fue esa la última vez que la vi durante mucho tiempo, luego me acompañó a casa y ni se despidió. Lo que vendría a ser una ironía de la vida más.

1 comentario:

Michel dijo...

Sigue así, de cada dia me gusta mas esta historia :D.
No pares de escribir nunca!!